Sacudiendo las horas para no ser quien era, miró su entre pierna para concluir que esta vez la sangre era distinta, que no era sólo parte de ser mujer. Se arrodilló y tomó su vientre. Escupió de nuevo al suelo una y mil veces, para responderse a sí misma por qué el tono de sus dichos fueron tan reales. No hubo culpa ni remordimientos, solo vio la realidad y definitivamente no era culpa, sino asco de si misma. Así por fin socavo sus pesares, pero lo convirtió en algo peor.
Sacudiendo las horas para no ser quien era, miró su entre pierna para concluir que esta vez la sangre era distinta, que no era sólo parte de ser mujer. Se arrodilló y tomó su vientre. Escupió de nuevo al suelo una y mil veces, para responderse a sí misma por qué el tono de sus dichos fueron tan reales. No hubo culpa ni remordimientos, solo vio la realidad y definitivamente no era culpa, sino asco de si misma. Así por fin socavo sus pesares, pero lo convirtió en algo peor.
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