
Me incinero en la mierda, me pudro en los sesos, me pierdo en la tiniebla.- así dijo aquel día-, soñaba que no estaba soñado y que creía tener un sueño... algo así como una película de terror mal editada, poco entendida, pero con mucho sentido. Toda las noches sudó frío, malgastó mala suerte, sucumbió a los instintos, viajo por infiernos colgándose del amor.-cosa que entendería mas tarde hablándose en un espejo-.
Machacandose los tobillos caminando muchas tardes, así como lo hacen aquellos que no entienden porqué han sido desdichados. buscando empleo en el olvido, recibiendo llamadas telefónicas ficticias de su imaginación... así moría poco a poco cada día.
Al mirarse, vio a aquel ente podrido de tristeza, entendiendo la tontería de sí mismo... entendiendo su propia ceguera. Atardecía cada mañana, vomitaba la injusticia, sostenía que era limpio y no quería más mirarse. Ni en los vidrios de los autos, ni del metro observaba su reflejo.
Moría y moría, y creía que nada lo levantaría...
Nunca pasan cosas- se repitió en su espejo medio roto- así lo ha sido en 30 años. Con amargura limitó su mirada al horizonte, para volver a aquel maldito espejo que rompió con angustia hace mucho tiempo, y vio que no era él, sino que era ella, que no pudo nunca superar que había dejado al único ser que había querido de verdad y que no pudo escapar de ponerse en su lugar.