Si no hay nada que decir, no hay que decirlo, aun así estas diciendo algo, lo que en definitiva significa decir nada. Pero ese silencio no necesariamente es nada, ya que el silencio implica mucho. La decisión de no hablar es una opción valida y que dice mucho de alguien, muy bien lo sabe Gabriel que por mucho tiempo no dijo nada a nadie. Callo cuando le colapso la lujuria de su amor, aquella infame mujerzuela que no quería saber nada de él. Su amor era callado y uniforme, ni siquiera existía una mirada complice, una nada total que decía mucho. "Sé feliz que la mierda que te consume no me comerá, muerdete el brazo hasta que sangres y sientas que estas viva, cae desde tan alto que no te puedas levantar y sé feliz como lo deseas, pero a mi no me mires, no te acerques que me das asco"

callo también cuando fue humillado por esa gente cercana, callo y se hizo el muerto. "No me implican sus palabras, no me seducen ni las odio, solamente me dan asco sus mentiras y lo que creen de mi se que cambiara mañana, cuando vean que no digo nada, verán que soy distinto y creerán que es cierto, y me adoraran por el simple hecho de que no me interesan".

Callo también cuando cometió un crimen y fue perdonado, sabia que si hablaba no lo perdonarían, el silencio nuevamente lo salvo y lo hizo libre. También fue libre de su lujuria, cuando caminaba desnudo por su terraza mirando al horizonte. Los vecinos lo consideraban un freak, un extraño un raro y un loco, por lo mismo no le molestaban. Las mujeres que entraban en su departamento le contaban de todo, sus vidas, lo que creían, lo que les importaba y eran felices con él por que creían que solamente Gabriel les pertenecía a ellas, y el nunca dijo nada, no era necesario por que su silencio decía mucho, en realidad lo decía todo. El mundo le daba asco, pero disfrutaba de sus vanalidades y para expresarlo solo callaba.

Sin embargo, a pesar de que todo era claro para él, el muro derecho de su habitación, la que daba a la ventana, sufría de los golpes de puño como lo hacen los boxeadores cada noche, algo le apretaba el pecho y lo hacia desvelarse. Cuando miraba el cielo oscuro y las luces de la ciudad, su asco se expandía como una mancha de aceite, apretaba sus dientes y le gritaba al viento el nombre de su amor, aquella misma que ahora le daba mas asco que todo lo que aborrecía.

miércoles, 11 de marzo de 2009 Secreto a la luz del día




Caminó derecho hacia la cruz que conocía. Volteó a ver si alguien le seguía, al darse cuenta de que nadie lo hacia, camino lentamente hacia su punto de partida. Luego tomó el atajo que lo llevaría directamente al árbol de las personillas románticas, su suerte hizo que estuviera vacío (aunque era lógico, era demasiado temprano para aquellas andanzas). Saco su secreto y lo puso en su vientre, miraba hacia todos lados para asegurarse de que nadie lo sorprendiera, (aunque lo hubieran visto nadie entendería de que se trataba). Pasó un rato y se acerco la ninfa que ya a esas alturas se había podrido, antes era tan bella (pensó), ahora me da pena (alcanzo a susurrar entre dientes). Le mostró su secreto a medias, y ella creyó entender de que se trataba. Sin embargo el obtuso de su mirada distorsionó las palabras. Al verse en esa situación prefirió pararse e irse, si antes importaba poco, ahora importaba nada. Siguió hasta la cruz que conocía y por un largo rato se quedo ahí. Sabía que nadie lo encontraría, ni sus mas cercanos. El secreto quedo a salvo y la imagen genuina de la muerte se hacia carne día a día.